Entrevista realizada a Fernando Chiappussi, programador del BAFICI luego de la conferencia “Rogério Sganzerla: luz en la oscuridad”.

Florencia Doynel: Muchas gracias por su tiempo. Para comenzar queríamos preguntarle: ¿Por qué Rogerio Sganzerla es considerado un símbolo del cine marginal en Brasil? ¿Cómo se ve plasmado esto en la película que realizó con Helena Ignez?

Fernando Chiappussi: Sganzerla, junto con otros realizadores como Júlio Bressane, fue el ariete de un movimiento que a fines de los años ’60 se diferenciaba del cinema novo del consagrado Glauber Rocha, si bien el cinema marginal fue visto en su momento como una derivación del cinema novo. Les llamaron marginales porque se separaron abiertamente de los requisitos mínimos de narratividad, género o puesta visual que tiene el cine estrenado comercialmente. El primer largo de Sganzerla, O bandido da luz vermelha, es de 1968 y fue pionero del movimiento; y una parte importante de las películas del cinema marginal fue realizada por la productora Belair que Sganzerla fundó junto con Bressane.

En el trabajo con los actores -y particularmente con Helena Ignez, que participó de casi todos sus films- el cinema marginal de Sganzerla se aparta del naturalismo y rompe la “cuarta pared” constantemente, con parlamentos de los actores a cámara, por ejemplo, o largas tomas en las que los actores improvisan en base a una situación dada. Bertold Brecht es una influencia importante en este sentido, si bien la puesta en escena va más allá de la repetición de recursos del teatro brechtiano.

Samantha Schuster: ¿La nueva generación de directores de cine en Brasil, como Bruno Safadi, reciben y ponen en práctica el legado de Rogerio? ¿Qué oportunidades tienen éstos de presentarse en eventos como el BAFICI?

F.C.: Los directores de la nueva generación presentan a menudo sus films en el BAFICI, pero la verdad es que no veo una continuidad del cinema marginal en ellos, ni siquiera en Meu nome é Dindi, el largometraje de ficción de Bruno Safadi, quien además codirigió el documental sobre Belair que dimos en el BAFICI.  Creo recordar que en la mesa el propio Safadi mencionaba esto.  Si hay una sobrevida de los postulados del cinema marginal está en los realizadores de esa época que siguen esporádicamente en activo, como Andrea Tonacci, el propio Bressane o incluso Mojica Marins. En cambio los más jóvenes están mucho más cerca del relato tradicional y del cine industrial, aun dentro de los parámetros de la independencia: pienso en realizadores como Paulo Caldas, quien produjo Deserto feliz, Marcelo Gomes, Cinema, aspirinas e urubus o Karim Ainouz, Madame Satá. Esto en sí mismo no es bueno ni malo, simplemente son diferentes rumbos.

F.D.: ¿Cómo ve posicionado el cine latinoamericano a nivel mundial?

F.C.: En la última década el cine latinoamericano independiente ganó importantes espacios y muchos premios en festivales, sobre todo el mexicano y el argentino. Otros países tienen una aparición intermitente, como Perú, Uruguay o Colombia. Chile está atravesando un muy buen momento, similar al que tenía el cine argentino hace diez años: hay una nueva generación. Brasil siempre está presente aunque con rendimiento más desparejo; otros países están en momentos de transición generacional, como Cuba, y es difícil saber qué rumbo tomarán. Para algunos el cine es una excepción y producen películas muy raramente, como Paraguay. En general todos estos cines recurren a coproducciones con países europeos y/o la autogestión vía las tecnologías digitales.

En cuanto al cine industrial, depende de la coyuntura en cada país. Brasil y México son punta en ese campo, aunque este tipo de producciones generalmente no salen del mercado interno de cada país.

S.S.: A la hora de seleccionar las películas que formarán parte del BAFICI,¿Quién está a cargo? ¿Cómo se lleva a cabo el proceso?

F.C.: La selección de películas la realiza un equipo de seis programadores -que integro- junto con el director del festival. Vemos las películas y discutimos. A veces discutimos mucho, porque todos tenemos distintos gustos. La forma de ver las películas es bien viajando a otros festivales o pidiendo copias de trabajo en dvd. También tratamos de ver todo lo que nos mandan (más dvds). A veces, en el caso del cine argentino, vamos a las salas de edición, porque la película no está terminada o porque el director no quiere darnos una copia. Los directores pueden ser muy celosos con sus cosas.

F.D.: ¿Qué diferencias nota con las ediciones pasadas del BAFICI a comparación con la de este año en cuánto a contenido y organización?

F.C.: Cada año la organización se va aceitando más y creo que hace ya varios que tiene un nivel de excelencia, lo vemos en la comparación con otros festivales a los que vamos. El contenido siempre es muy ecléctico. Este año, por ejemplo, tuvimos una parodia del cine negro de blaxploitation con Black Dynamite y un plano de una chimenea de una hora de duración, por ejemplo en Ruhr, de James Benning. Entre ambos extremos cabe de todo. Este año quizá coincidieron una serie de películas protagonizadas por animales y/o niños, muy alejadas del rol que suele dárseles en el cine industrial: por ejemplo la ganadora Alamar (mexicana), Go get some rosemary (norteamericana), Yuki y Nina (francesa), Sweetgrass (inglesa), Agua fría de mar (costarricense), The girl (sueca) o La Pivellina (austríaco-italiana). La mayoría de estos títulos pivotea en una zona ambigua entre la ficción y lo documental, muy interesante y prometedora.

S.S.: Muchas gracias por su tiempo nuevamente.

F.C.: De nada.

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