En Tigre se realizó un inmenso casting. Perfil.com acompañó a los que se animaron. El intento de un ex Operación Triunfo.

Por Samantha Schuster (*) | 04.12.2010 | 21:

 

El playón en Tigre donde se realizó el casting de Soñando por Bailar. | Foto: Samantha Schuster

Soñando por Bailar, el nuevo programa de Ideas del Sur, hoy comenzó a buscar a una nueva figura para participar en el 2011 en Showmatch. Para ello, más de 25.000 personas de entre 18 y 35 años se acercaron a un playón de la Estación Tigre, donde desde las 9 se realizó un inmenso casting.

El ganador participará en el Bailando por un Sueño edición 2011 junto a su propio soñador. Lo primero que tuvieron que hacer los candidatos fue aprender una coreografía que se encontraba en la página de Canal 13, en base a la canción “I’ve got a feeling” de Black Eyed Peas.

Así que a las cinco de la mañana, Matías, un formoseño de 24 años que vino desde Misiones, se tomó el tren en Belgrano. Ya estaba acostumbrado a los castings, al menos tiene la experiencia de haberlo hecho una vez y de haber tenido sus 20 minutos de fama. Se presentó al de Operación Triunfo Tercera Generación y quedó entre los participantes. Al vagón también subió un grupo de chicos y chicas que practicaban la coreografía entre la gente.

Al llegar al playón de Tigre, no encontraron tanta gente en la cola, o al menos eso parecía. Estaba fresco y eran como las 7 de la mañana. Matías compró unas botellitas de agua. En la fila todos estaban ansiosos, con hambre, sueño, pero sobre todo con ganas de entrar y participar. Hubo mates de por medio, charlas, música; mucho intento de relax entre los nervios. Más adelante, las gastadas de siempre: “Ese no queda”, “los castings para hacer de Listorti están más allá”, entre otras cosas.

Después de los controles de seguridad, la gente estaba eufórica, bailando, saltando, practicando la coreografía una y otra vez. Lo que en la fila parecía poca gente se convritió en miles de personas. Algunos más maquillados que otros, con diferentes estilos de ropa, de personalidades. A un costado, una participante, Andrea, había llevado fotos de ella semidesnuda y un cartón que la mostraba en tamaño real y “en versión blanca”, porque la habían retratado antes de broncearse. Algunos le sacaban fotos y otros le decían: “El casting sábana era en otro lado, ¿eh?”; o “a esta le falta calle. Yo soy de José C. Paz, la agarro y le sacó los pelos”, y hasta “andá a trabajar al cabaret de donde saliste”. Ella sólo tenía muchas ganas de entrar al casting.

Matías quiso ir a cambiarse de ropa al baño de hombres y una chica quiso acompañarlo para evitarse el tumulto en el de mujeres. “¿Te molesta ver un par de tangas?”. En todos lados, había mucha amistad y mucha competencia. Por un lado, las personas se iban conociendo, se hablaban aunque no se conocían, compartían sus ansiedades y sueños. Se veía que se apoyaban y se formaban grupos más grandes de los que habían llegado. La gente se intercambiaba mails, usuarios de Facebook, para quedar en contacto entre sí. Pero no dejaba de ser una casting, así que si le iba mal al otro, mejor.

Evelyn, muy simpática y sencilla, vestida con un short y un buzo de “Gap”, intentaba escapar de las cámaras. Y tampoco quería repasar la coreografía porque la ponía más nerviosa. Baila desde los tres años y se presentó porque le dijeron que era su oportunidad, aunque ella lo hizo más que nada por diversión y amor al arte, sin mucho interés por el programa. Del otro lado de la valla, su mamá le sacaba fotos.

La gente se ponía cada vez más ansiosa, ya eran casi las 9 de la mañana y la música “I’ ve got a feeling” de Black Eyed Peas resonaba por todo el playón. La organización dividía a la gente en tandas de 1.200 participantes. Matías y Evelyn entraron para la segunda. Se tenían que ubicar en unos puntos rosas que estaban distribuidos en el piso y ahí se repetía la coreografía tantas veces como fuera necesario. Los coachs pasaban entre los participantes y les entregaban unos precintos rosas a los seleccionados para la siguente ronda. De allí seguían a una carpa donde les tomaban los datos.

La organización contaba con ambulancias, carpas con primeros auxilios, puestos de hidratación y un dispositivo de seguridad con 150 personas.

Afuera del casting a la hermana de Andrea, la que había llevado las fotos, la llamaron por teléfono y alguien le dijo que había quedado. Comenzaba el turno de la tercera tanda y empezaban a salir los de la segunda. Una chica pasó llorando, emocionada porque había llegado a la próxima instancia. Después aparecieron Matías, Evelyn y su mamá. Ni bien me vio, Matías vino corriendo a abrazarme. Había quedado y Evelyn también. Se despidieron con alegría. Ahora sólo les queda esperar a la próxima ronda, el lunes, en Ideas del Sur.

(*) Periodista, especial para Perfil.com

 

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