Diana Irusta, periodista de La Nación, brindó el miércoles una conferencia en la Universidad del Salvador en la que habló sobre la nota Aún Testigos que escribió y la cual recibió el Premio Rey de España. Además, comentó sus primeros pasos en la profesión.

El trabajo de Fernández Irusta, fue publicado por La Nación Revista el 15 de noviembre de 2009. Conmemora los 70 años del fin de la Guerra Civil Española, recorriendo las vidas de varios “niños de la guerra” que huyeron de España perdiendo sus raíces y sus familias, y terminaron viviendo en la Argentina.

La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), redactora y editora de La Nación Revista y colaboradora del suplemento Adn Cultura. Además, está especializada en Arte.

La nota surgió en una reunión de pautas, por el motivo de que pronto se cumplirían 70 años de la Guerra Civil Española. Irusta proviene de una familia española, es por eso que la eligieron a ella para llevarla a cabo.

El enfoque seleccionado fue los “niños de guerra”. “Quería buscar los estragos de la guerra en los niños y demostrar la pérdida de la raíz, de los padres y la orfandad que vivieron”, afirmó. El tema no se había visto en muchos lugares, solamente en algunos momentos pequeños en documentales, cuando se mostraban los trenes y a los padres “depositando” a los niños allí.

La búsqueda de los testimonios de los exiliados fue, según ella, una tarea no muy complicada. Se encontraba en una posición privilegiada por ser hija de inmigrantes. Se contactó con organizaciones de españoles y eso lo llevó a una asociación de niños de guerra. El problema fue convencerlos: “algunos tenían que hablar de cosas muy dolorosas; las mujeres, sobre todo, no querían hablar”, agregó.

A su vez, señaló que los tiempos no ayudaron a que pudiera investigar más profundamente. “Está lo que uno quiere y lo que los tiempos disponen”, aclaró.

Por otro lado, temía que “esos testimonios se pudieran perder por cuestión de vida”, ya que las personas entrevistadas son mayores.

Con respecto a las preguntas, dejó que hablaran ellos por el tipo de historia y los entrevistados. “Había zonas en que se angustiaban y estaban buenísimas. Eso es lo nefasto de ser periodista, pero a veces decidís sacrificar algunas cuestiones porque son personas grandes, que reconstruyeron toda su vida”, explicó Diana Irusta.

Lo más doloroso que vivieron esas personas fue más que nada el desarraigo. “En los testimonios de ellos como adultos se nota esto”. Eran muy chicos cuando ocurrió la guerra pero ella pudo observar cómo los había afectado igualmente.

Diana afirma que el premio fue más circunstancial. “En en enero del 2010 me llegó un mail con la convocatoria del premio”. Envió su nota, ya que cumplía con las pautas, y luego se olvidó. “Así son los concursos”, expresó. En febrero de 2011 le llegó la noticia de que había ganado el Premio del Rey de España mientras estaba de vacaciones.

Para recibir el premio, se dirigió a España, donde el rey Juan Carlos I fue en encargado de entregárselo. “Son situaciones en las que no sabes que hacer”, observó Irusta. Le impresionó el clima que se generó en ese momento. “Se hizo un silencio y todos se pusieron de pie. Se produjo una atmósfera de solemnidad que acá sería imposible”, agregó.

Sin embargo, lo que más la impactó y conmovió fue que el rey le dijera “Muy bonito lo que escribiste. Me llegó al corazón”. Fue un comentario sorpresivo, no se lo esperaba. “No estaba obligado a decir nada, sólo debía darme el premio”, afirmó.

“El jurado es excelente”, expresó. Algunos de los integrantes eran el director de la agencia EFE, un español con una “tremenda” trayectoria; un ex periodista del diario El País y columnista; un panameño; una mexicana y la directora de la agencia de colaboración iberoamericana.

Los criterios que tuvieron en cuenta fueron la estructura de la nota, la escritura y, sobre todo, la ideología de la nota, es decir, la solidaridad y el poder exaltar un lazo en vez de una discordia.

En referencia a sus primeros pasos en el periodismo, Diana aseguró que fueron muy casuales. Siempre le había gustado leer y escribir, y por ello, había comenzado la licenciatura en letras. Sin embargo, “por esas vueltas de la vida terminé estudiando comunicación”.

Comenzó trabajando como colaboradora en La Nación, en la sección de decoración. “Casi no la acepto porque había presentado una beca en la UBA, que no se terminó dando”. De a poco se fue quedando en el diario, en la redacción y la pasaron a la revista.

Su motivación en la profesión es difundir hechos pocos conocidos. Por ejemplo, “haberle dado voz a estar personas y haber contado una historia que en Argentina no es muy conocida”.

Para finalizar, expresó que no está segura de querer continuar haciendo notas con respecto a esta temática. “Los temas personales son los que más me convocan, pero es un riesgo porque te podes empastar. Me hice esta pregunta antes del premio, con la historia de Mercedes, una de los testigos. Pensé en hacer un libro con ella tal vez. Necesitaría que baje un poco la marea y ver si hacerlo, si seguir investigando sobre la guerra civil o no”.

Anuncios